(...) Éramos ocho enrolados en nuestra primera experiencia lejos de la Isla. Ocho cubanos recorriendo diez ciudades belgas como si tal cosa, como si el destino jugara a los dados y a nosotros nos hubiera tocado en ese preciso momento la ruleta de aprender de nostalgias y cosas afines sin probar todavía a qué saben palabras como exilio, destierro, emigración, asilo. De esas diez ciudades ninguna se nos quedó tanto en la memoria como Lieja, al menos a mí. Y fue por la noche y por la humedad y por el frío de noviembre que calaba por los zapatos tercermundistas que yo llevaba hasta helar los huesos, al punto casi de paralizarme en medio de una calle desierta o en la cresta de uno de aquellos largos puentes metálicos por los que atravesábamos el estirado río Le Meuse para llegar a un boulevard cuyo nombre ahora se me escapa, pero podría ser Saint Leonard o Frére Orban. Es así que me fui de tarde a una pequeña tienda de zapatos para forzar mi inglés de "yes, it is" y me hice de unas botas que pesaban dos toneladas y eran bastante caras, pero me ayudaron a disfrutar mejor el tour juvenil que alguien había preparado para nosotros. Esas botas me acompañaron durante mis próximos nueve años, incluso bajo el calor del trópico, hasta que debí dejarlas en casa una vez obtenido el permiso para volver a salir de la Isla, ahora con destino a Estados Unidos.
Sunday, March 07, 2010
VIAJEROS VI [Lieja, 1999. Fragmento de diario] / michael h. miranda
(...) Éramos ocho enrolados en nuestra primera experiencia lejos de la Isla. Ocho cubanos recorriendo diez ciudades belgas como si tal cosa, como si el destino jugara a los dados y a nosotros nos hubiera tocado en ese preciso momento la ruleta de aprender de nostalgias y cosas afines sin probar todavía a qué saben palabras como exilio, destierro, emigración, asilo. De esas diez ciudades ninguna se nos quedó tanto en la memoria como Lieja, al menos a mí. Y fue por la noche y por la humedad y por el frío de noviembre que calaba por los zapatos tercermundistas que yo llevaba hasta helar los huesos, al punto casi de paralizarme en medio de una calle desierta o en la cresta de uno de aquellos largos puentes metálicos por los que atravesábamos el estirado río Le Meuse para llegar a un boulevard cuyo nombre ahora se me escapa, pero podría ser Saint Leonard o Frére Orban. Es así que me fui de tarde a una pequeña tienda de zapatos para forzar mi inglés de "yes, it is" y me hice de unas botas que pesaban dos toneladas y eran bastante caras, pero me ayudaron a disfrutar mejor el tour juvenil que alguien había preparado para nosotros. Esas botas me acompañaron durante mis próximos nueve años, incluso bajo el calor del trópico, hasta que debí dejarlas en casa una vez obtenido el permiso para volver a salir de la Isla, ahora con destino a Estados Unidos.
Thursday, March 04, 2010
PAJARO VIOLENTO [Fragmento III] / enrique rodríguez araujo
Mostrábanse como aburridas, intercalando estudiadas poses, en una coreografía de asiento, un grupo de pájaras estridentes. Hablaban, con notable indiferencia, para que las oyeran, sobre toda clase de naderías. Aleteaban con elegante síncopa sus párpados de alúmina. En los ceñidos trajes resplandecían lentejuelas azules, verdes y doradas. Las cabelleras lucían, altas y enroscadas, lacias y sueltas, atadas sobre la nuca con lasos de acetato o sujetas con palillos de marfil, teñidas con oxígeno, lumbronas, abiertas a la luz como abanicos, resplandecientes y escenográficas. Algunas de ellas llevaban la piel tatuada, y golpeaban el suelo con sus punteras y tacones niquelados. Serpientes aladas se enroscaban a las pantorrillas y columnas vertebrales. Pequeños roedores se abrazaban sigilosos a los bíceps bronceados. Cacatúas de improbables plumerías se retorcían sobre fondos fucsia, o se diluían en hebras verdes que bajaban hacia la cintura. Culebreaban pañoletas entre los dedos nudillosos; se superponían risotadas y palabrotas. Mirándola de frente, como ajena al cotorreo de sus iguales, aquella chica de ojos profundos. Amalia se levantó de la mesa diciendo que iba al baño. Se detuvo junto a la puerta y esperó. A los pocos segundos se presentó la chica.
Ilustración: Lola Montoya (Colombia). Artista Plástica por la Universidad Javeriana de Bogotá.
Wednesday, March 03, 2010
VIAJEROS V [PABLO ORDOÑEZ Y EL REGISTRO DEL VIAJE] / luis carlos ayarza
Hay imágenes por doquier y la mirada se ha ido poco a poco acostumbrando e insensibilizando a tales presencias. Sin embargo, la fotografía –al igual que la literatura– ha recorrido también un camino paralelo en el que a veces los fotógrafos logran capturar con sus cámaras la singularidad del mundo.
Sus fotografías registran la vida en espacios tan distantes, como Buenos Aires y Etiopia, Londres y China, París y Chichen Itzá, Sicilia y Mompox...
Pablo dice que en sus viajes ha notado cómo paradójicamente la felicidad parece surgir más espontánea en los lugares pobres, más natural y plena... Dice también que en los países con más dinero la gente suele tener el gesto más endurecido y preocupado y que: “… en los países ricos, las personas son como niños malcriados, siempre quieren más mientras que en los países pobres la gente se contenta con muy poco... sonríen, a pesar de que el background es pobre”.
O de esta serie: “esa niña que se tapaba y destapaba la cara alternadamente mientras yo la fotografiaba, fue un juego como de 30 segundos”.
Thursday, February 25, 2010
TRANSFORMACIONES DE LA MIRADA / iván ordóñez
Lyotard propone una hipótesis supremamente pertinente para comprender cuáles son los referentes actuales de mundo de los sujetos de conocimiento: "el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran a la llamada sociedad postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna". De acuerdo con Lyotard, los cambios en el modo de producción capitalista, redimensionan las condiciones en que el sujeto se ha visto representado a partir de concepciones estéticas, políticas y culturales a partir de la inserción de la producción artística en el campo de las industrias culturales. Los espectros y adelantos técnicos que ha desarrollado el capitalismo en términos de mecanización de los procesos de producción marcan pautas importantes en estas condiciones epistemológicas del sujeto.
Frederic Jameson y Mandel describen tres rupturas o saltos cualitativos fundamentales en la evolución de la mecanización bajo el capitalismo: La producción mecánica de motores de vapor desde 1848; la producción mecánica de motores eléctricos y de combustión desde la última década del siglo XIX, y la producción mecánica de ingenios electrónicos y nucleares desde la década de los años cuarenta del siglo XX. Tales son las tres revoluciones generalizadas de la tecnología engendradas por el modo de producción capitalista a partir de la revolución industrial originaria de finales del siglo XVIII. Esta periodización subraya que el capitalismo ha conocido tres momentos fundamentales, cada uno de los cuales supone una expansión con respecto a la fase anterior. Son las fases que Jameson denomina como las del capitalismo mercantil, la fase del monopolio o etapa imperialista, y la etapa del capitalismo transnacional. Los saltos cualitativos que menciona Jameson asumiendo la periodización histórica que describe Mandel en su libro El capitalismo tardío, se explican por sí mismos, pues para Jameson las tendencias estéticas obedecen a los cambios que ha tenido el modo de producción capitalista.
Jameson equipara estos tres momentos descritos por Mandel, con tres momentos, igualmente dialécticos como el realismo, el modernismo y el posmodernismo que proponen sistemas de representación La tesis de Jameson propone que todas las grandes transiciones dentro del modo de producción implican un momento equivalente de transformación estética. Esto no sugiere que los artefactos culturales simplemente reflejen cambios en la base económica, sino que en una forma más general la relación entre arte y su contexto social puede ser liberada de concepciones ideológicas si se tiene en cuenta que la obra de arte opera como una solución imaginaria, una resolución o una respuesta a las contradicciones de la vida social.
En pocas palabras, cada momento estético de acuerdo con Jameson, no sólo ha presupuesto un estadio económico particular de desarrollo, sino también una concepción específica del sujeto y de las relaciones del sujeto con su forma de vida. Ahora, entonces estamos en posición de identificar la situación de cómo el realismo proporciona la resolución imaginaria, que es la materialización y la correspondiente desacralización del mundo de la vida bajo un proceso de modernización. El realismo sirvió para desprogramar las viejas, sacras y providenciales narrativas y construir nuevos paradigmas narrativos de la relación del sujeto que ahora vuelve su pensamiento una realidad. "Nosotros podemos tener acceso a la realidad; y las representaciones de la realidad pueden ser dichas para representar la verdad de esa realidad".
Este periodo impone un criterio epistemológico en donde la realidad del mundo no es el mundo en sí mismo, sino aquello que se nos muestra como mundo en términos de facticidad legítima de la representación.
Ilustración : Luis Carlos Ayarza
Tuesday, February 23, 2010
EX LIBRIS / luis carlos ayarza
El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define al Ex Libris como “Etiqueta o sello grabado que se estampa en el reverso de la tapa de los libros, en la cual consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a que pertenece el libro”. Un Ex Libris puede contener cualquier imagen siempre y cuando se halle en ella un rastro de la naturaleza inherente al libro del cual nacen, y con su propietario. Con el tiempo, y a medida que las editoriales crecían y la literatura entraba en los circuitos de la producción masiva, los libros se hicieron accesibles y perecederos, así la costumbre generalizada de marcarlos con los Ex Libris fue desapareciendo paulatinamente. Desde entonces su producción se ha desplazado a espacios más reducidos.
Frecuentemente separados de las obras a las que pertenecían, y convertidos en objetos independientes, comenzaron a experimentar una vida nómada y paradójicamente alejada de su finalidad primera: habitar la contratapa de los libros. Los Ex Libris –algunos de ellos verdaderas obras de arte– son hoy día objetos de colección que forman parte del acervo de un aficionado o una institución, y muchas veces nacen sin llegar jamás a tocar los volúmenes a los que hacen mención. El Ex Libris de esta entrada es un obsequio de Luis Eduardo Álvarez Marín, el ilustrador que ha acompañado el proyecto Inactual desde sus inicios.


















